Desde el amargo día de tu partida,
en mi estancia solo habita el hastío;
la risa hueca, la ilusión perdida,
un eco sordo y un lamento frío.
Aquel sendero de flores y de ensueño,
que alegre nos miraba caminar,
hoy marcha triste al ver que ya no soy dueño
de los recuerdos que no han de regresar.
Sola se queda el alma en su quebranto,
inerte y fría en su dolor profundo,
cual cuerpo sepultado en camposanto,
lleno de rabia y olvidado del mundo.
Mas el sutil pajarillo en primavera
me grita que la vida aún no expira;
desdicha cruel de la que soy prisionero,
que por quererte y no tenerte suspiro.
De pronto el pensamiento tiende un puente
que une el pasado con la cruel herida,
y vuelve a modelar ante mi mente
tu rostro, tu sonrisa y tu venida.
Vuelven los rizos de tu cabellera
cayendo por tu cuello terso y níveo,
y vuelve la memoria a aquella era
en que tu dulce \"sí\" me dio el alivio.
Con un rictus de dolor miro al infinito,
buscando en la distancia tu mirada,
anhelando volver a ver tu rostro bonito
en esta noche lúgubre y callada.
No existe el olvido, solo hay agonía,
soledad profunda, gris melancolía,
y la rota ilusión que me decía
que eternamente te sabría mía.
¡Ay, este dolor que llevo hasta la muerte,
esta condena de mi propia suerte:
llorar el día en que te dejé partir,
y no haber hecho nada por detenerte!
DELALMA
Delalma
01/01/2010