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Ludvaldo

SEXTO SONETO A AMOR

Niño y, no obstante, más que el mundo anciano,

traidor que tras un rostro hermoso y tierno

escondes los tormentos de tu infierno,

doctor que curas enfermando al sano,

 

saetero que con parva y blanda mano

dañas aún más que el más punzante cuerno

del más feroz demonio del Averno,

gentil y liberal y cruel tirano,

 

incendios ardentísimos propagan

tus tempestades, en las que zozobra

el mejor gobernado de los barcos,

 

y muchos en mitad de ellas naufragan,

ya que tu influjo grandes males obra

y es tuyo el más temible de los arcos. 

 

Osvaldo de Luis