Rosa Baladron Rodriguez

A MI ABUELITA

Después de tan larga agonía,

abuelita, te has quedado fría.  

Tú, que con tanta energía,

defendiste siempre tu vida,

te has quedado fría.

 

Querida abuelita,

perdona que no te quisiera,

tanto como tú,

a mí me querías.

Anda !..., Hija mía !

cariñosa y garbosa,

parece que te escucho

decirme todavía.

Y cuando no puedo más,

me lo repito sin cesar,

pues es lo más bello

que me han dicho jamás.

Tú nobleza baturra

nada disimulaba.

Yo no comprendía,

yo no valoraba.

Valiente aragonesa

nada te asustaba,

ni guerras mundiales

ni guerras de España.

 

Siempre en mí estará

tu sangre de maña,

y la buena maña

con que trabajabas.

Tus sinceras joticas

a la Virgen Pilarica,

orgullosa cantabas

cuando me enseñabas.

Y ya cuando expirabas,

al dolor entregada,

tus manos yo cogía,

tu cara miraba.

Y en ella tu sonrisa de paz

reflejaba, que Dios te veía

y junto a Él te llevaba.