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Enrique del Nilo

¿NO TENGO NADA QUE DAR?

Lo vi venir por la senda

como hojarasca que lleva el viento

traía entre sus labios tiernos

los cantos de mil caminos

entre la mugre de sus dedos

un retazo de pan podrido

quizá fuera su almuerzo

quizá sustento para su familia

 

Fue verlo y el corazón me escupió un grito

como podía reclamar por mi corbata manchada

si ese ángel de pocos años

venía descalzo y cantaba

 

Por calzado traía el pavimento

que relumbraba con el beso del sol

por vestido traía el viento

que su inocencia acariciaba

y por sombrero las nubes

que los motores formaban

 

Era verlo y adivinar

diez años, tal vez los once

de hambre ayuno y camino

la mirada sobre la calle

a la caza de desperdicios

 

Al cruzar por la avenida

que hace esquina con olvidos

y la calle indiferencia

se cruzó con un canino

que venía despavorido

quizá alguien lo pateara

tal vez escapara de su fortuito destino

 

Tropezaron como cosa del destino

que halaba hilos a su capricho

y en vez del lógico ataque

que al verlo había presentido

los escuálidos vagabundos

se contemplaron un segundo

quizá saludándose en aquel idioma

que los buitres hemos olvidado

el cuadrúpedo caudal de pulgas

sacudió el rabo un momento

mientras su fiero contrincante

alargaba la mugre de su mano

regalándole su pan