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Darío Ernesto

¡ Ha muerto en otoño la parra!

 

¡Ha muerto en otoño La  parra! 

 

Como asombrado  miraba sus eléctricos brotes en los días de otoño

Acaricie su  follaje y costra, tomando en mis manos

Sané con un suspiro, sus imperiosas fuerzas,

Y  cavè profundo, un gran pozo,  en su auxilio de pie allí estuve.

 

Entre pensamiento y  balbuceos, tuve miedos

Tembló mi alma, que daño peor es desarraigar tu ser

O soportar  a la enemiga hormiga

Me dolió el pecho, si fe, sin esperanzas.

 

Allá profundo, entre pedregales y arenas secas

Seguía y seguía la raíz de tu sabia

Y  en un momento  jale con fueras  y firme estabas  enraizada

Mas se corto en un sonido, quebrándose estaba tu  vida

 

Y de prisa, en otro espacio soñé que reverdecerìas

Debajo de un nogal hermano, no han de faltarte las aguas

Amalgame  tu silueta a las sombras  Y pasaron los fríos y llego la primavera,

y tus brotes no salieron, a mi encuentro para adorarme.

 

Como se hace  mi sentir obstinado y  presuntuoso

Creer que  la fuerza es todo, cuanto valen en la vida

¡Oh inexperto de mi   hombre  ignorante, poco sabio!

Aun recuerdo tus uvas negras dulces, que me obsequiaste un día.

 

 

Hoy debajo de unos zapallares, verdes bellas hojas nietas he contemplado

He visto con mis ojos de rocío, listos para asombrarse, los sarmientos que diste,

 Los que hubiere sembrado, hojas verdes  encendidas, dieron su merecido brote

Han vuelto a reír  mis ansias, mis penas  se fueron con tu tronco viejo en mis olvidos.

 

Darío Ernesto Muñoz Sosa