EzeMC

El misterio de la luna

Contemplar la madrugada
y el misterio de la luna;
me hizo sombra transeúnte,
alma errante y taciturna.


Frío, intenso y caminante,
junto al viento y tensa bruma,
desafiaba el arrojo,
de mis pasos sin fortuna.


Con el alma bajo cero
me moldeaba como duna,
en el bulevar abstracto,
siempre hogar de tanta pugna.


Noche casi de miseria,
sosegada, inoportuna.
Sigo contemplando inerte
el misterio de la luna.