Marner

Tù eres mi infierno amor.

 

Dicen que existe un infierno,
 
islas de azufre y lagos de fuego
 
arden sin parar atormentando a la gente,
 
nacidos y crecidos en pecados,
 
amando cosas vanas y falsas.
 
 
 
Lamentándose de su fatigada vida,
 
acariciando los rojos labios de la lujuria,
 
untándose en las mieles de la maldad,
 
rabiando a morir, por amores no correspondidos,
 
atando los deseos de buscar un bien.



 

 

Dicen que son pocos los que irán al cielo, pues con tantos pecados existentes  uno ya no puede ni esquivarlos, así, como se esquivan las curvas de una carretera.


Pero les diré: yo he conocido un infierno y un cielo en esta tierra, aun estando en vida. 

Un paraíso con cuerpo y pensamiento de pecado, que me tienta una y otra vez, sin parar.

Aparte de su cuerpo, tiene en su ser la línea  más delicada de la poesía, amo su alma y su filosofía.


Amo sus lagos de fuego que me consumen con dolores y silencios.

Amo su paraíso que me dispone escribirle a la naturaleza de su cuerpo, de su mundo, que es el mío, pues ahí encierro más que mi piel.

Pero si esto es pecado que me perdone Dios

y  si esto es de Dios que me disculpe el diablo.

 

Pues si he de pecar será por ti,

si he de morir condenada será por tu cuerpo,

y si estaré en el infierno por una eternidad que sea por tus pensamientos.

 

Bonito pecado de nombre seductor,

nombre que lleva el sello de la tentación.

 

¿Y me preguntas si he pecado?

Tantas veces amor, pero tú;

eres de todos el mejor pecado.

Mi más grande y bello pecado.

 

Que me perdone Dios, pero por ti mi vida,

Yo seria capaz de hacer un pacto con el diablo.

-Si, ya sé. Basta de cursilerías.

Sólo te diré que he escrito mi nombre  en la oscuridad de la noche

y tu nombre en la estrella que la ilumina,

y que si he de morir por tus labios,

que muera pero que sea a tu lado.

 

 

 

 

 

 

 

 

Sé que sabrás leerte y leerme entre estas líneas amor.

Y te diré que a pesar de ser mi pecado, eres mi cielo

y el infierno  que llevo conmigo.