JOED MOSI

La Última Carta.

Los besos que perdí por no saber decir “te necesito”,

Te tuve entre mis brazos y te vi marchar sin voltear atrás,

Volviéndome un desconocido más en la plazuela,

Mi pequeña gran ilusión de volver a ser nosotros se derrumbaba,

Poco a poco, con cada paso que te alejaba de mi.

 

Me arrepentí de haberte visto,

A veces es mejor dejar en puntos suspensivos

Lo que está condenado al punto final.

Y así fue nuestra última cita,

Yo poniéndole tres puntos a la historia,

Tú borrándole dos.

 

Condenamos al olvido los besos, los abrazos, las letras que te debo,

Tal vez tus ojos algún día se encuentren con estas líneas,

Sé que no las aspiraras con el alma,

Como aquellas letras, tuyas y mías,

Que tu parte favorita dejara de ser “cuando me mires a los ojos”.

 

Para que no me duelas como hoy,

Desbordaré el corazón con tinta y papel.

 

Si te quise, de hecho a un te quiero y mantengo vivía la ilusión de verte

En el lugar y la hora acordada,

Cuando las cinco décadas reinen en mí,

Puedes llamar a esto un absurdo más en mi absurda existencia,

Pero ¿Qué sentido tendría la vida sin una ilusión, sin una esperanza?,

Para mi ninguno.

 

Sé que nunca me viste llorar,

Porque las lágrimas que se lloran hacia dentro

Son las más peligrosas, las más dañinas,

Las que mojan mis entrañas

Llevando en cada una tú nombre.

 

Me falto decirte te amo,

Pero eso no hubiera detenido tu partida,

Solo hubiera alargado mi agonía,

Lo pensé, no lo dudes, pero los labios se cerraron

Sabedores que el corazón actuaba bajo el influjo del amor,

Fue la manera en que me protegía de mí,

Porque tu ya  estabas tan lejana, tan extraña,

Tan distinta como ajena, a mis miradas, a mis palabras, a mi amor.

 

Puedes decir que te estoy echando de más,

Pero nunca nos gustaron las miserias

Y echarte de menos sería contradecir ese antiguo gusto.

 

He empezado a caminar por los lugares que anduvimos juntos

Y parecen tan desolados,

Como el corazón que dejaste al decir adiós,

Los domingos han vuelto a ser días tristes,

Perfectos para el suicidio,

Con vientos melancólicos,

Con la tranquilidad que precede a la tormenta,

Los caballos blancos que la marea impulsaba a la orilla,

Cabalgan hacia otra playa,

La botella con nuestro poema

Yace en el fondo del mar,

Sin testigos que constaten lo que un día fuimos,

Los pasos presurosos que cada viernes

Me conducían hacia tu puerta,

Hoy renuentes a llevarme a ti,

Aferrados a mantener la distancia

Que nos protege y daña,

Las emociones que destellaban al verte,

Son manantial de llantos al encontrarte en fotos.

 

Temo levantar la mirada y verte brillar,

Tan lejos de mis brazos,

Tan cerca de mis ojos.

 

Ojala te perturbara en sueños el verdugo del hubiera,

Que te condene a los recuerdos que me mantienen en vela,

Ojala sintieras como yo la rabia al despertar y darte cuenta que solo soñabas,

Ojala una buena noche, llena de coraje, valor, curiosidad

O cualquier sentimiento que te impida dormir y a mi soñarte,

Te aparecieras oníricamente tal cual eres,

De carne vivía, de sentimientos puros y fueras acortando la distancia

Susurrándome al oído que me quieres como yo a ti

Y temerte al cerrar los ojos solo sea un mal pasado.

 

Si pensabas regresarme algo,

Que sea la felicidad y tú con ella,

Que nada de lo que tengas mío me pertenece si tú no estás.

Si ya decidiste no volver,

Entrégame mis libros en pedacitos,

Una palabra por día,

No es que me este resignando a perderte,

A un me queda la última carta.

 

Vivir es un continuo separarse, un ir y venir.

Que algún día nos volverá a juntar y antes que digas adiós,

O me dejes viéndote partir,

Te robare un beso, tan valioso,

Que me condenaras el resto de mis días junto a ti.