RICARDO ALVAREZ

TRAS LOS NOCTURNOS CERROS

 

Llegas a la cima de las altas cumbres

y en la errante noche de los suspiros

anclas dos puertos de gemidos.

Tras los nocturnos cerros

hay un remolino de claveles encendidos

con peldaños que escalas y

desciendes con riqueza fecunda

inmersa en tus ojos de clara neblina

como dos pañuelos que se agitan

en el abanico de tus pestañas.

Caen tus pies suaves de lana

latiendo en danza en este corazón que palpita

como rama que vibra en alas de una ventisca.

Escrudiño el amarillo de tus episodios

y veo renacer el oro en la huella girante de tus pies.

Arrimas tus pechos de mansedumbre sin prisa

pero por mis piernas amor la gravedad asciende y

en mi sangre provocas una tempestad de múltiples brisas.

Absorbes con tus labios de esponja

las aguas entintas de mi pecho

y en tu lengua donde duermen los besos

entonelas manantial de agua entinta.

Afables labios vastos de fruto ensanchado,

fértil abono tus tiernas cornisas,

inútil esfuerzo ante la belleza

caigo a su abismo precipitado.

Desde los altos montes del fuego.

emigran libélulas en los brazos del viento y

verdes maderos acarrean brillo de pinos

que reposan en tus parpados de hoja.

Zumbido de agitada marea,

molino de agua burbujeante gira por tu boca.

Mis gérmenes de brotados suspiros

se derraman libres

en el campo duplicado de tus labios amantes.

 

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