Eugenio Sánchez

SUPERSTICIÓN

Doña Juana era una anciana

muy regañona y chismosa,

además supersticiosa,

mentirosa y palangana.

Cuando le  daba la gana

gritaba como una loca

y a todo mundo provoca

hablando mil tonterías

y tantas majaderías

que salían de su boca.

 

Viernes santo exactamente,

la noche era muy pesada

porque el diablo caminaba

asustando a toda gente.

Decían que un  penitente

pagando iba  su condena,

se azotaba con cadena

hasta sangrarse la piel;

aterrorizando a  aquel

en noches de luna llena.

 

 Escucha un extraño ruido

que se acerca más y más

y dio dos pasos atrás,

se aceleran sus latidos,

se le nublan los sentidos

y postrándose veloz

reza unos versos a Dios:

“Padre nuestro, Padre nuestro”,

temblorosa olvida  el resto

y se le apaga la voz.


En el preciso   momento

se le   aparece un  pollino

que corriendo sin destino

iba veloz como el viento

y en la cola del jumento

un envase de hojalata,

él  le daba con la pata,

para de encima sacarse.

Corre el burro sin cansarse

hasta perderse en la mata.


El  susto por fin se aleja,

pero la rabia le inunda,

de contrita a furibunda

ya  se transforma la vieja

 y la boca que pedía  

al Señor  ayuda urgente,

es una saeta  hiriente

 cual cañón de artillería

van saliendo  groserías

de esa boca maloliente  .

 

Eugenio Sánchez Bacilio