RICARDO ALVAREZ

COMO EXALTADA MAREA - LENTAMENTE

COMO EXALTADA MAREA 

 

 

Hombros de arcilla

en desliz estable endurecida,

bajan por mis brazos

cual dedos en filigrana.

Firmes brazos

de tierra fortalecida.

 

Mis palmas flexibles

sumisas a los

antojos de tu piel.

Dedos de tacto te bautizan

y con  caricias de gasa

se prodigan en tu rostro

 

Plena enredadera lacia,

en tus cabellos cobrizos

teje el viento un soleado alba.

Una lágrima convocada

en cascada roza tus pestañas

emotivas.

 

Nacarada sonrisa tuya que

marca una arcada de esperanza.

El sol asoma tras la acacia,

se hace bahía, agua de labios

profundos, granate gama de uva.

Paralelo de tu boca,

mi rictus cultivado sin prisa

plasma un beso en tus

opulentas cornisas.

 

Fondeo mi ancla de corolas

y te tiño de oro enrojecido.

Danzante figura,

vienes cargada de carnes

y pecas de locura

Pluma suave de pecho.

estrecho sendero

donde en la noche guardo mi silencio.

Línea vertical suicida,

acogedora muerte amable

entre tus senos.

 

Cúspides erectas con

sabor de azúcar negro.

Canal que desciende hasta tu vientre,

panorama de monte que perpleja.

Alféizar de tesoro alado,

osada mariposa que vuelas

sobre el fuego del ambiente.

En este puerto de sed hambrienta

te miro como exaltada marea

bajo el amplio abanico de luna nueva.

Por tu ombligo pasean

mis venas apasionadas cuando

ya tus brazos son mis alas

y en tu poblado territorio

me apego a tus márgenes y

a las riberas de tus ríos

que caminan junto con mi sangre.

 

 

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LENTAMENTE

 

 

 

Recuerdo no hablarte...

Porque el invierno

reclamaba una hora más cálida.

 

Sí sentir...

El viento llorar en tu oído,

el mudo silencio afligido

conquistando tu dulce esfera.

 

En tus ojos ardía el momento.

La voz recogía su lengua anticipada.

Y lento...

El invierno iba dejando

el amarillo caído

en las palomas posadas en tu frente.

 

Recuerdo

mi boca dejar su espasmo rígido,

pronunciar palabra de rocío y

largamente en la cresta del arco

irisado pintarse mis labios de acrílico,

y mi boca descosiendo las costuras de tu alma,

como si cada hilo en mi voz fuese semilla

y tu oído el único sembradío

en los huecos cavados de la tierra.

Mientras el aire de la tarde se colmaba

de voces en los árboles de la guerra,

yo me extendí en el lecho lentamente

a contemplarte y susurrar, te amo.