Donaciano Bueno

Romance del enamorado

¡Ay que la ví, que la ví
la niña en la balconada!
con su boca carmesí
y su sonrisa dorada.

 

Ella me miraba a mí
y yo a ella le miraba,
tanto fué lo que sentí
que el corazón me explotaba.

 

Madre, me quiero morir,
que yo quiero tener alas
para subir hasta allí
y fundirme en su mirada.

 

-Lo que te ha pasado a ti
es que tu visión se helaba
-que no, madre, que hoy por fin
encontré a mi enamorada.

 

Madre, no me haga sufrir,
sé muy bien lo que pasaba,
que lo que yo percibí
en el balcón era un hada.

 

Que no un simple frenesí,
ni una ilusión desbordada,
la vida ya para mi
sin ella no vale nada.

 

Hijo, vete ya a dormir
y comprobarás mañana
del corazón lo sutil
cuando sueñas con la amada