Murialdo Chicaiza

Mi hora de pesar

  

Las luces y las sombras me cubren

desde los horizontes perdidos

desde los escombros que construyo

solo para volverlos a derrumbar

sobre el desierto de mis agonías.

Moro en el silencio donde creo ser sabio

desconocido, incomprendido y ajeno de mí.

Cadenas me atan al fango de mis temores

mirando vivo las algas de las aguas quietas

-taciturnas sombras me ciegan-

Como los sueños hiperreales de antaño:

muertos y cadáveres se mueven entre

la marisma onírica de los condenados

a los infiernos de la vida y la noche.

Mas debo aferrarme a mis pocas certezas

como el ciego se aferra a su bastón

sabiendo que tarde o temprano

le espera el abrazo de los abismos.

Exigua paz, eterna tristeza la del hombre

la de saber que no sabe sino de su fin

hiel, dolor, miseria de saber que no hay héroes

en esta guerra de muertes al infinito.