Alberto Moll

Al joven sediento de saber

 

Pequeño adolescente que comienzas

iluso a caminar con torpes pasos

por un mundo de adultos que aún ignoras,

como inerme alevín desamparado,

¡arde tu mente, de saber sedienta!

¡Bulle todo tu ser desazonado

por alcanzar a comprender la vida,

la muerte, lo sagrado y lo profano!

¡Los enigmas de todo el universo

anhelas descifrar, ilusionado!

Cual vendaval que bate y convulsiona

de los bambúes los flexibles tallos,

así se agita tu alma, pretendiendo

todo el mundo abarcar en un abrazo.

¡Dichoso tú, si sientes que se abrasa

tu juvenil espíritu exaltado

en un ardiente anhelo de saber!

¡Y más dichoso aún si, con los años,

ese interés por el conocimiento

pervive en tu interior inquebrantado!

¡Pero infeliz de ti si vas perdiendo

por el camino, cual sucede a tantos,

esa ilusión que te mantiene vivo,

suma grandeza del género humano!