Genciana.

Nos ronda.

Se acaba la tarde,
la habitación en penumbras,
su faz relajada, espera,
su respirar pausado,
su mirada perdida.

Su dolor controlado,
que aún así, no cesa,
su rictus cambia,
sus manos no son ligeras,
la brisa pesa demasiado.

Pasando por el agua su pena,
los seres que la aman la rodean
sus oídos claman, desean
la risa de sus hijos y nietos,
su carita tierna se ilumina.

Bajo sus párpados,
imaginaba, soñaba
y va dejando atrás,
sus viejas quimeras.

Su alma aquí aferrada,
en plácida espera,
quiere la paz entera
y volar a otra nueva era.



(Y yo a la espera... Sé que este escrito tendrá una segunda parte)