María

Modus Vivendi

Clara quería volar alto. Llevaba meses tomando clases para pilotear un pequeño avión, y  años tratando de encontrar la pareja ideal. Solamente se fijaba en caballeros agudos, destacados en lo suyo, con clase. No le iba mal. Sumaba horas de vuelo y solía estar bien acompañada.


En un año había cambiado de afición y de pareja. Un descenso muy repentino la marcó, y su novio, con quien se casaría en breve, la desilusionó enrolándose en las filas humanitarias de “Médicos sin Fronteras”.


Cuando el tiempo logró que cerrara su cicatriz número novecientos noventa y nueve comenzó a cuestionarse. Recapacitó que todas las heridas tenían un mismo origen. No se permitiría llegar a la lesión número mil. Y se produjo el click interno.

 

Ahora corre, sola, en el autódromo. Y  su pareja es el carpintero más cotizado de la ciudad. Al no competir con otros coches no tiene riesgo de chocar en los entrenamientos. Y Manuel sólo podría defraudarla con algún diseño con el que ella no estuviera de acuerdo.