Mujer Nagual

☼ Abriendo el tercer ojo ๑ ▒░░

(...) Llevé, la joya rosada, hacia mi frente. El cuerpo comenzó a temblarme. Sentí un fuerte ardor sobre mi entrecejo. Cerré los ojos. Me ardía mucho la piel. Progresivamente pude comenzar a abrir mis párpados. Un redondel violeta flotaba ante mí. Pensé que se trataba de una sensación que le había quedado a mis pupilas por el cambio de luz. Por lo tanto, parpadeé infinitas veces y di vueltas sobre mi propio eje, esperando que aquel círculo desapareciera. Fue en vano, allí estaba él, manteniéndose suspendido frente a mi visión, pese a la luz, la obscuridad o el cambio de ubicación.

Hurux me detuvo, apoyándome su delicada mano sobre mi hombro.


Hurux- Ya, te vas a marear –dijo entre risas-. Supiste exactamente qué hacer en cada momento y ahora te extrañas de lo que ves ¿Qué clase sabionda eres?


Cerré mis ojos, una fuerza extraña, se apoderó de mí. Dejé que mantuviera el control. Comprendí que, el redondel que observaba, era en verdad, mi nueva visión. Había logrado expandir, a duras penas, mis límites perceptuales; y eso, conllevaba, la abertura del “nuevo Ojo”, por el cual, yo vería cosas fueras del campo de mis ojos físicos. De pronto, una gran curiosidad me invadió, quería saber si yo podía tocar a ese nuevo elemento violáceo. Me aproximé para alcanzarlo. Para mi sorpresa, aquel se alejaba a medida que yo me aproximaba. De esa manera, supe, que el indiferente Ojo, era en verdad, un nuevo sentido; por el cual yo podía expandirme, pero que, pese a esto, aquel siempre permanecería indiferente. Podría usarlo y navegar a través de él, pero no era algo físico, no tenía consistencia.


Miré a Hurux, ella era un largo y blanco halo vertical, que se movía de un lado a otro. Supe que estaba viendo, a través de mi sentido adquirido. Me llené de regocijo. Por fin entendía, las maravillosas capacidades, que tienen los seres, de percibir el misterioso mundo que los rodea como lo que es, un ser vivo y eterno en sí mismo. Me observé, y tras esto, pude notar que no tenía la misma forma que Hurux, sino que más bien, era una esfera, blanca y luminosa. Una gran y profunda emoción inundó mi ser, mis posibilidades eran infinitas, ya no estaba sola, me encontraba rodeada por un universo completo y danzante. El mundo me amaba y yo respondía a ese amor con una inmensa gratitud. No me situaba en mi mente, percibía desde otro centro, más “hondo” y puro.

Autora: Sasha Bartel