jairodelacroix

Preludio de primavera

Era Mayo.

 

La escarcha y la nieve habían cedido y dado paso a la estación de plenitud en belleza y ensueños.

 

Con su luz delicada, brillando alegremente entre tenues brisas, ligera y graciosa, la primavera abrigo las cenizas de un amor que una vez estuvo moribundo, para renacer con renovado gozo y esplendor, despertando consigo cada uno de mis sentidos de un profundo sueño;

 

Era la época de admirar el nacimiento de nuevos retoños y dejar partir los recuerdos de las flores marchitas, de arder incesantemente por amor como un fénix, de suspirar y contarle al viento las vanas quejas de la juventud, de dormir sobre los amenos prados entre las plantas y riachuelos murmurantes y de navegar en los mares de a lfantasía…

 

Disfrutaba al viajar sin dirección, admirando el cielo estrellado, que es fiel guardián de los ojos de las bellas doncellas, y que una vez estuvo perdido para mí. Mas quiso el destino que los vientos guiaran mis pasos a nuevos caminos y veredas.

 

La dulce primavera parecía mecerse alrededor mío, tejiendo milagros en cada rincon y en cada criatura, su aliento soplaba a través de los bosques y las praderas, llenando el aire con delicados aromas de placer y calidez.

 

El amoroso canto de los pajarillos anunciaba su llegada y emergían de la tierra diversas flores de lucidos colores, todas nutridas por la sangre del creador.

 

Con su ejército de encantos delicados, la primavera había conquistado el mundo.

 

En silencio, me quede observando su pureza, que evocaba al olvido.

 

Y en medio de todo aquello, ahí estaba mi bella amada, noblemente coronada con su cabello ondulante, con sus ojos brillantes como los rayos de la aurora, alegres melodías brotando de sus labios...

 

Cariñoso, la observe moverse aquí y moverse allá.

 

Con cada paso que la acercaba a mí, la tierra parecía desenvolver una magia oculta y misteriosa.

 

Y cuando escuche su voz, llamándome, supe que el amor había llamado a la primavera, no la primavera al amor.