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EL SOLDADOR (A don Modesto Gaitán)

 

 

    Él primero sonríe, luego piensa

si ha de quitarle menos a los tubos.

Tomando alguno de ellos va y los prensa

y la afilada sierra le hace cubos.

 

    (Antes que todo, para mí es un canto

oír la sierra cercenando el hierro,

me borra de la mente el desencanto

y me nace un cariño por el fierro.

 

    Por el fierro porque este se desliza

y al deslizarse con sus dientes finos

le abre a los hierros una azul sonrisa

que el sol les dora y tórnalos divino.)

 

    Enciende el aparato, toma el polo

le pone en el portón y la ternura

puede mirarse, pues trabaja solo

y entre chispas dejando soldadura.

 

    Habrán de oír el golpe del martillo

que el hábil soldador levanta al aire,

el hierro enderezado con sencillo

trabajo, con destreza y con donaire.

 

    Él sonríe de nuevo y está listo

su portón, está nítido, emblemático,

terminado en período previsto

por sus manos y el ojo matemático.

 

    Ya recoge sus cosas y las guarda,

sierras, escuadras, lima soldadura,

mas falta un detallito que la parda

actividad precisa de pintura.

 

    Mas el triste trabajo se le deja

por ahorro de tiempo al ayudante,

es acaso lo que ama y que maneja

es soldar y soldar en su constante

 

    pensar en el trabajo terminado

que día a día de alegría baña

y al verlo a un punto limpio y acabado

convierte aquel trabajo en una hazaña.

 

    ¡Qué daría por ser como este amigo

quien naciendo la aurora se levanta

y a la faena embiste! Dios testigo

que en el alma este sueño se me planta.

 

    ¡Qué daría por ver entre mis manos

y entre chispas y fuego: soldaduras,

construir portones tantos entre vanos

esfuerzo conllevando mil torturas.!

 

    ¡Sonreír como aquél que en sus afanes

les da vida y fervor a hierros mudos

y acariciar sobre mi mente planes

de hacer este arte con mis dedos rudos!

 

    Pero tal vez mi Dios así lo quiere,

que torpemente escriba con mi pluma

aunque esta dicha poco a poco hiere

mi corazón y al sueño que se esfuma.

 

    ¡Unid, amigo, con tu soladura

a mi oxidado corazón que tiene

rotas las ansias de vivir! Procura

unir esa emoción que le sostiene.

 

Agosto de 1999

Marcos Hernandez Sanchez