Sara (Bar literario)

La hora inerte


Cantinas de ti en la fiebre de tu ciudad

mis dedos son animales -esqueletos de sus sombras-

Animales desterrados a  existir en mis falanges

blanca piedra, capullo virgen vida, vida.

 

Nombro como Ellos la ciudad que no conozco

le llamo amor y me quema la transparencia

del fuego que calienta la caldera en un hogar

con dos extraños comiéndose el verdugo

atado a su sistema digestivo;

Digestión de sociedades grabadas en el muro.

Muro llévate mi patria y deja a mi gente

vender un periódico, vender a sus hijos

y no les recuerdes que esto es el relieve

de la herejía raíces de esperanza.

 

La soledad es esquiva esta noche

me abraza una vida y en sus olvidos

se talla como amor y es

la trampa que se agrieta en mi pecho

vuelca la nostalgia, alaba la tiniebla

infinito recuerdo que no es, no elijo.

 

No elijo morir este cielo

no lo renazco en mi muelle

nadando la sed de su infortunio.

No elijo la sed, se contempla

en un vaso llevado a la boca

por la inflexión carraspeante

garganta de anciano

clavel de pelo yerto

no soy yo, era, solo era

la causa elipsis memorial de un recuerdo.