No eres mi esposa, ni somos amantes todavía; pero te llevo en mis ojos como se lleva una oración, y habitas en mis pensamientos como un verso que Dios escribió sin pedirle permiso al tiempo.
Me encanta tu manera de ser, tu sonrisa, tu mirada, esa belleza que no necesita adornos para despertar en mí ternura.
Quizá sea demasiado lo que siento, quizá mis palabras puedan sorprenderte; por eso, si alguna vez te ofendo, perdona a este corazón que solamente sabe hablarte con sinceridad.
Regálame, si algún día la vida nos concede ese milagro, la dicha de ser papá.
Qué hermoso sería escuchar de tus labios aquellas palabras que mi alma imagina: \"Vas a ser papá\".
No sé qué sentiría en ese instante; tal vez lloraría en silencio, tal vez miraría al cielo dándole gracias a Dios por haberme permitido conocer la felicidad que tanto he soñado.
No te pido aventuras, ni placeres pasajeros, ni una historia destinada a desaparecer.
Yo sueño con algo mucho más grande: un hogar, una familia, un pequeño fruto de nuestro amor.
Imagino sus pequeños ojos y quisiera encontrar en ellos tu mirada; imagino su sonrisa y quisiera reconocer en ella la tuya; imagino sus manos pequeñas entre las mías y sentir que la vida, por fin, me entregó un pedacito de eternidad.
Y si fuera niña, tal vez llevaría en su rostro la delicadeza de su madre; y si fuera niño, quisiera enseñarle a caminar por la vida con nobleza, con valor y con fe.
No les fallaría.
Por ellos aprendería a ser más fuerte, a trabajar más, a luchar contra cada adversidad y a entregar, si fuera necesario, hasta el último aliento de mi vida
por protegerlos y amarlos.
Porque ser padre, para mí, no sería solamente tener un hijo; sería recibir de Dios la responsabilidad sagrada de cuidar un alma que nació del amor.
Eres una mujer hermosa, pero hay algo en ti que va más allá de la belleza.
Tu sonrisa me devuelve la fe, tu mirada me inspira ternura, y cuando pienso en ti mi imaginación se atreve a soñar con aquello que todavía no existe.
Un hogar.
Una mesa compartida.
Dos corazones aprendiendo a caminar juntos.
Y, algún día, una pequeña vida creciendo bajo tu corazón, mientras yo, desde afuera, cuento los días con emoción esperando conocer el rostro de nuestro milagro.
Regálame la dicha de ser papá.
Regálame, si algún día Dios así lo dispone, la oportunidad de sostener en mis brazos a un hijo nacido de nuestro amor.
No quiero que mis palabras te incomoden; solo estoy confesando un sueño que llevo profundamente guardado.
Porque quizá todavía no eres mi esposa, quizá todavía no somos amantes, quizá nuestros caminos aún están escribiendo la historia que algún día podremos contar.
Pero si la vida, Dios y el destino alguna vez deciden unir nuestras manos, yo quisiera construir contigo algo que vaya mucho más allá de nosotros: una familia.
Y cuando llegue ese día, si alguna vez llega, quiero mirar al cielo y decir: \"Gracias, Dios mío, por concederme la dicha de ser papá\".