rodulfogonzalez

INTIMIDADES

 

            No hay  placer más exacto, bien mío, que el que disfrutamos en la intimidad de mi covacha de sueños, cuando tú, necesitada de amor, me visitas de incógnita.

            Nunca sé, bien mío, cuándo me visitarás porque tú no anuncias el momento en el cual alejarás hacia miles de leguas poéticas la perenne soledad misteriosa y simpática aposentada en un mueble rústico de mi covacha de sueños, milenaria ya, pero todavía pletórica de encantos.

            Tocas con los delicados nudillos de tus primorosas manos la puerta envejecida de la covacha y al oír esos enternecedores toques, cubro alegremente la desnudez de mi cuerpo y cantando mi única canción, que tú has escuchado hasta el éxtasis sin protestar por la desarmonía del cántico que espanta a las aves.

            ¡Así de horripilante es!

            Pero tú me aplaudes cual si yo fuera un barítono de prestigio universal ofreciendo sus dotes vocales en un antiguo Odeón.

            ¡Ay, bien mío, cómo le imploro a Dios por tu romántica visita!

            ¡Cómo deseo que nunca te alejes de mi covacha de sueños!

            ¡Cuánto gozo nuestra entrega de amor!

           ¡Cuánto celebro la intimidad del amor que tú me ofrendas!

           ¡Cuánto me asusta el momento de tu inexorable despedida para no ver a mis pobrecitos ojos brotados de lágrimas, expresión de una tristeza que sólo cesará con tu próxima visita!

     Ilustración: Jhosué José Fernández Rodulfo.