Hace un tiempo atras un alma sensible tuvo el deferente de regalarme una lamina, es un hermoso cuadro, en el aparece, sentado, abrumado, y solitario un hombre sobre la orilla de una playa desierta, se adivina que la misma se trata de alguna playa inhabitada, y lejana, la obsequiante me relato la mitica historia, estos marineros piratas padecen el castigo de sus capitanes cuando en sus leyes marinas alguno de ellos desacata alguna orden o desafia los poderes de sus superiores, y entonces los destinan a su abandono, ni carceles, ni grilletes, ni jurados, es la ley del mar, ellos son partes todos de un codigo inquebrantable, su ley inexorablemente tiene el efecto de no dar absoluciones ni perdones, no hay lugar para perdones ni enmiendas, y alli queda librado a su destino, a la nada de las arenas y al inmenso mar que rodea sus dias probablemente los finales dias de su existir,. Al observar el cuadro bellisimo en su desamparo, algo poetico y tragico se mesclan y funden en aquel ser cabizbajo, resignado y vivo. Ese ser que aun palpitaria su desventura muestra en su humana figura aun cierto honor, no es un lastimero que añora, no respresenta un cobarde en busca de un auxilio imposible, sus manos se entrelazan entre sus piernas dobladas, y nada indica su deseo de salir huyendo hacia ninguna parte, esta ahi tan quieto, solido como un tronco que trajo el mar, nadie le dara un consuelo, nadie recuperara esta inmovil imagen, sabe que esta solo, unico en este nuevo y extraño paramo, que jamas penso conocer o si? Seria este el puerto que anciaba arribar, estas arenas, esta inmensidad de vientos y mareas, todo en el denota la fuerza del que sabe de su destino, y en ello hay una gran hidalgia, hay una condicion predicha, serena, silenciosa, tardia esperanza del que ya no sufre ni desvela, acepta su destino como los peces, y las aves, sabe muy probablemente que en su baja mirada no hay mas batallas que luchar, su espada reposa como ciega amiga de los tiempos que ya han muerto, cada vez que observo este bello cuadro amigo de mis dias me deja pensamientos encontrados, hay veces que pienso en su vida anonima que debe haber sido un gran marino, un hombre que vivio las noches y sus dias entre espumas, luchas salvajes, muertes, que en sus minutos diarios revelaba su coraje, sus piernas soñando con otras femeninas, sus manos hacedoras del hierro y mojadas siempre de mar, no por nada este momento lo encuentra en paz, sabe que sus dias fueron intensos, sus deseos se hacian carne y carroña, y en lo profundo de sus ojos leyo noches estrelladas, sangrientas gargantas, y ligeras mujeres que pestañeaban minutos de placer, tal vez no recuerde muchos nombres, algun que otro apodo de los marinos errantes de vaya saber que tierras habitaban, hombres duros, fornidos, luchadores asesinos, ladrones de poca monta, ojos negros de cuchillos afilados, algun que otro extraño polizonte asustado y escondido, todos parias sin domicilios, ni patrias donde volver, ese mundo que lo tiro en las arenas ya partido, en busca de otras luchas de oro y sal, nada hoy lo pertuba, nadie busca sus ojos, nada queda de ese mundo ya es extranjero, es sal y arena, un pedazo de cielo, ya no es.