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Humberto Mariano

Sol y Luna

La noche asomaba en el cielo,

temible, fría y profunda,

el cielo anunciaba trás un canto,

que el sol pronto se marcharía.

 

Se asomaba un galopar potente,

una crin plateada ondeaba al viento,

su pelaje, de un blanco brillante

un autentico purasangre blanco.

 

En su lomo, un caballero radiante,

que entre galope de su corcel

observaba firmemente el horizonte

como el cielo disputaba ese espacio

donde no era día ni noche.

 

En ese espacio, tal como en su mente,

donde el día luchaba con la noche,

por ver quien prevalecería,

pero estaba claro y sin reproche

que solo uno ganaría.

 

No puedes tener al sol,

sin perder la luna.