Murialdo Chicaiza

María y la Tarde

 

Me encontré con la tarde un buen día:

Eran de agua sus ojos, mi melancolía…

Esa mujer me miraba desde todos los bosques

y reía y reía a fuerza de trinos y toques,

me habló mirándome sin miedo a los ojos:

“Tu tristeza amigo, no es tristeza de abrojos,

tampoco es delirio ni angustia de muerte,

es mucho más terrible y lastimera tu suerte.

Yo entiendo, pobre viajero, tus dolores”

 

Sí, tarde, se que le adoro y ella no me ama,

ella es mi amada, mi pequeña dama.

Su nombre es María, María Dolores,

¡Si tu primero la encuentras, dile mis clamores!