Lídice Robinson

Amor ido

Cantaba en su voz

El alma sonrojada,

Ardiente por pasión,

De amor iluminada.

Era frágil su perfume,

Se quebraba con el viento.

Con fuerza en vano intento

El corazón consume...

De loco derroche,

De afán inocente,

Buscaba en la noche

El calor de su vientre.

            . . .

A lo lejos se oían

Las notas de agonía

De una tarde estertorosa,

De una noche dolorosa.

            . . .

Hoy solo aflora una sonrisa,

El silencio le hace juego

Y en los lomos de la brisa

El propio Amor enciende el fuego.

Mas, ¡Ay! Que a aquel ingrato

No le llega al corazón la pena

De haber trazado en el retrato

el dolor de un alma buena.

            23 julio 1989

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