LeandroAY

El eco.

A estas horas mi soledad ya es completa.
No es de noche, menos aún de día.
No me refiero a que sí el sol se encuentra
atrás de la ventana o cerca de una antigua bahía.
Es tal vez, más complejo;
el atardecer se ha posado como un alado
cantor en los brazos derruidos de mi espíritu,
 y se come lentamente los pocos frutos adheridos a sus ramas.

Este ocaso  trae consigo el último otoño 
en el invernadero que es mi alma,
donde otrora se hubiesen cultivado un puñado de
primaveras. 

En esta estación falta de trenes se marchitaron,
no lentamente, mis lagrimales y sus pétalos fueron a parar
con el estruendo del mar en la lejanía, sobre mis mejillas.

En este atardecer el eco de mi voz
se repite hasta apagarse en solitarios 
rincones , como se apagan los días 
sumergidos en las noches,
como se sumergen las vidas,
en los abisales paramos de la muerte.

Hástago - 03/03/13