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MariaJose Uparella

Descondicionémonos.

La condición humana no permite el privilegio de sentirse vulnerable. Tal como si fuese indigno reconocer que se es débil, hay negación en el manifiesto de las necesidades. Hay una reticencia maligna que crece rápido y con paso fulminante, aniquilando toda suavidad del ser. Adoptamos entonces una postura ambivalente, turnando el papel de víctima y villano. Por un lado culpamos a otros, los alejamos, les herimos. Pero por el otro lado, el más nauseabundo y dañino, nos encerramos en un cuerpo hermético, resignados a reconstruirnos por si solos cada vez que el exterior nos derrumbe. Atribuyéndonos una supremacía que deliramos como nuestra por esa misma condición humana, la que construye barreras impenetrables para defender un orgullo maltrecho y una fortaleza inexistente.