ronald tadeo ramirez elizalde

𝐑𝐄𝐆Á𝐋𝐀𝐌𝐄 𝐔𝐍 𝐇𝐈𝐉𝐎

Es un deseo, una esperanza, una quimera, un ideal; un anhelo que, silencioso, conmigo ha decidido caminar.

Te he soñado tanto, que a veces me parece que ya conozco el calor de tus manos, la dulzura de tu voz, la luz de tus ojos cuando me miras.

 

Te he llevado conmigo sin tenerte, te he sentido cerca estando lejos, y en cada pensamiento, en cada noche, mi imaginación te dibuja a mi lado.

Quizá sea locura, quizá sea un sueño, pero cuando te miro, algo en mi alma se empeña en creer que eres real.

 

¿Qué pensarás de mí? No lo sé.

Tampoco sé qué destino nos aguarda.

Solo sé que quisiera dejar de soñarte para algún día poder encontrarte, besarte, abrazarte y descubrir que aquello que imaginé también puede existir.

 

Regálame un hijo, un pequeño milagro nacido de nuestro amor; una vida en la que pueda contemplar

tu sonrisa, tu mirada, la ternura de tu rostro y una parte de mí latiendo en su corazón.

 

Mi anhelo es grande, mucho más grande que un simple sueño.

Imagino dos pequeñas niñas, dos luceros con tus ojos, dos diminutas manos buscando las nuestras, dos voces que algún día me llamen papá.

 

Regálame la dicha de ser padre, permíteme contemplar cómo crece la vida bajo tu corazón.

Yo cuidaré de ti, cuidaré de ellas, y procuraré ser digno del amor que me entregues.

 

No quiero tenerte por simple deseo, ni acercarme a ti movido únicamente por pasión.

Te deseo porque te amo, porque en mis sueños de futuro no imagino solamente tu cuerpo, sino tus manos entre las mías, tu corazón junto al mío y una familia naciendo de nuestro amor.

 

Eres tan bella que me haces soñar.

Quisiera ver tu rostro multiplicado en dos pequeñas caritas, tu mirada en sus ojos, tu sonrisa en sus labios, y reconocer en ellas la hermosa historia de los dos.

 

Tal vez sea una locura.

Tal vez sea demasiado pronto para decirlo.

Pero déjame soñar, déjame imaginar por un instante que la vida pudiera concedernos ese pequeño milagro.

 

Regálame un hijo, y yo le entregaré cuanto tenga: mis brazos para protegerlo, mis manos para sostenerlo, mi tiempo para acompañarlo, mi corazón para amarlo.

 

Quiero conocer esa inmensa alegría de escuchar una voz diminuta pronunciar por primera vez mi nombre y convertirlo en la palabra más hermosa: papá.

 

Regálame una familia si algún día nuestros caminos se unen.

Que nazca de tu vientre, si Dios así lo quiere, aquello que el destino nos permita recibir.

 

Yo sueño con dos niñas, dos pequeños luceros, dos estrellas semejantes a tus ojos, de esas que iluminan incluso las noches más oscuras de mi vida.

 

Y qué hermoso sería escucharte decir, con lágrimas de felicidad en los ojos: \"Vas a ser papá\".

 

Entonces prepararía su pequeño mundo con toda la ternura que llevo dentro.

Pintaría de rosa sus paredes, llenaría su habitación de flores, de juguetes, de canciones y del perfume dulce del jazmín.

 

Pero, sobre todo, la llenaría de amor.

 

Regálame un hijo, mi dulce amor, y te prometo que jamás olvidaré que antes de ser padre debo ser compañero, refugio y cuidado para ti.

 

No permitiré que el miedo encuentre un lugar en sus pequeños corazones.

Seré sus brazos cuando necesiten refugio, su voz cuando les falte valor, su guía cuando no sepan qué camino seguir.

 

Les daré amor, ternura y abrigo; les enseñaré que el mundo puede ser hermoso cuando se camina con bondad.

 

Y si algún día llegan a llamarme papá, sé que comprenderé entonces que ningún título en esta vida podrá compararse con ese.

 

No sé si el destino nos concederá lo que hoy mi corazón imagina.

No sé si serán una niña, dos, o simplemente el amor de nuestras vidas sin necesidad de llamarse hijos.

 

Solo sé que, cuando pienso en ti, mi corazón no piensa únicamente en el presente: te imagina en mi futuro, caminando conmigo, compartiendo mis días, y quizá, algún día, con nuestras manos entrelazadas, mirando crecer aquello que nació de nuestro amor.

 

Te dejo que lo pienses, mi dulce querer.

Yo solo puedo ofrecerte lo que verdaderamente tengo: mi respeto, mi fidelidad, mis sueños y este corazón que ya aprendió a quererte.

 

Si algún día decides caminar conmigo, prometo amarte sin prisas, cuidarte sin cadenas y construir contigo, paso a paso, un hogar donde el amor nunca falte.

 

Y si Dios nos concede el milagro, quizá algún día pueda sostener entre mis brazos a esa pequeña vida que hoy apenas existe en mis sueños.

 

Regálame un hijo, si algún día el amor nos convierte en familia; y yo te prometo que amaré su vida con toda mi alma, porque llevará en sus ojos

la mujer que amo y en su corazón un pedacito de los dos.