Es mágico el mundo en que me haces vivir, desde que llegaste, encendiste mi pasión; tu recuerdo se adentra en mis noches, y tu imagen despierta en mi pecho una dulce obsesión.
Cuando contemplo tus retratos, mis ojos se rinden ante tanta belleza, y mi corazón, cautivo de tu encanto, te busca con ansiedad, con ternura y con certeza.
Eres el deseo que más anhelo, la ilusión que mi alma quisiera alcanzar; y aunque la distancia levante sus muros, hay una fuerza en mí que no deja de llamarte y desearte.
Tengo ganas de ti… ganas de estrecharte entre mis brazos, de perderme en la profundidad de tu mirada, de sentir que por fin el sueño se convierte en realidad entre los dos.
Eres la mujer que habita mis sueños, la dulce tentación de mis noches, la que, sin tocarme, consigue estremecerme y hacer de mi corazón un prisionero de tu nombre.
Tengo sed de tu presencia, hambre de tus besos y de tu ternura; anhelo el instante en que la distancia muera y podamos entregarnos al amor sin medida.
Ven, mi princesa adorada, regálame una noche hecha de estrellas; déjame tenerte cerca, sentir tu calor junto al mío y descubrir, entre caricias y suspiros, que aquello que soñamos puede ser verdad.
Tengo tantas ganas de ti que hasta el silencio pronuncia tu nombre; mi piel recuerda una cercanía que aún no conoce, y mis brazos parecen haber nacido para encontrar refugio en tu abrazo.
Quiero besarte lentamente, como quien descubre un sueño largamente esperado; recorrer con mis labios la dulzura de tu rostro y perderme en el instante en que tus ojos me digan que también me has deseado.
Te deseo, mi princesa, con esa dulce locura que no sabe de distancias; te deseo con el alma encendida, con el corazón acelerado y la esperanza de encontrarte algún día.
Desde que dijiste que me amas, algo cambió para siempre dentro de mí: mi corazón dejó de caminar en silencio y comenzó a latir por ti.
Tengo ganas de ti… de tu voz, de tus besos, de tu presencia; de convertir la distancia en un recuerdo y hacer de nuestros sueños una historia que podamos vivir juntos.
Porque no sé qué nombre darle a este deseo, si amor, pasión, locura o destino; solo sé que, desde que llegaste a mi vida, hay una parte de mí que ya no quiere vivir lejos de ti.