MIRIAM RINCON U.

La peste sobre lo creado.

La peste sobre lo creado.

 

 

Ay, pobres florecillas

 que sin resabios y sin odios,

fueron adornando dulcemente

el verde esperanza

 del precioso césped.

Tanta inocencia perturbada

por asquerosas zarzas

lanzadas desde arriba,

por las manos sucias manchadas

a veces por su propia sangre.

Arañan con saña,

aplastan sin remordimientos,

el aroma, la belleza y la candidez

de las blancas y pequeñas margaritas,

pinturas preciosas en la corta hierba.

Tanta lucha ardua,

por hacer fértil una tierra yerma,

para que su brillo vertido en los frutos,

recrearan la risa en los ojos tristes.

Mas llegó la helada marchitando

aquello que logró el calor,

 la bella cosecha horadó el gusano,

por fuera de seda,

por dentro amasijo de tripas,

envidiando cosas que nunca alcanzará,

pues no tiene pluma

tan sólo murciélagos,

chupando excremento en la oscuridad.