jJAIME

LA PLAYA DEL SILENCIO

Encontré de arena palabras

envueltas  de caracolas

y ni siquiera las olas,

ahora  me dicen nada;

el silencio de las miradas

solo cruzan aquella playa,

hoy desierta,

sin gaviotas enamoradas

que rompían los silencios

todas las madrugadas.

 

Solo el rumor del viento

llega con la brisa callada,

curte sagaz el  silencio,

su brisa estalla en mi cara;

no sé,  si se perdió la gaviota,

si dejó de estar enamorada

o simplemente enojada

mira la Luna plateada

que cada noche ilumina

las olas de nuestra playa

y, sin saber lo que le pasa,

mi gaviota surca el cielo

al movimiento de sus alas

dejando ese vil silencio

que entristece mi nostalgia.

 

 Vuela, vuela con alas de nácar

hacia el Sol que te marchite

el silencio de tus palabras

y que sople solo el viento

sobre la arena de nuestra playa;

tal vez,  una caracola,

en la arena abandonada,

me diga cuál es la causa

que te condujo a la nada.

 

No volveré al huerto de tus hadas,

ellas duermen en mi sueño

y sueñan mis esperanzas,

pues mártir de tus silencios

abro al lejano viento

las cumbres con otras alas

que ahora me van diciendo

entre rumores de versos,

ecos de caracolas taimadas

que en la arena  están escribiendo

pétalos de corazones

a rosas encadenadas,

cuyas mariposas sienten

los otros versos que  callas.

 

Se que la melancolía estalla

en la cabeza del firmamento

y sintiendo el dulce lamento

también escribo en la playa

esos pequeños versos

que encadenan las palabras

cuando tu caracola me habla

en la playa de los silencios:

“en la arena están los luceros

junto a estrellas solitarias,

no tienen brillos ni ecos

ni lunas muertas de escarcha,

pero sienten cuanto siento

y me dicen cuanto callas”.

 

Solamente los desiertos

miran las cumbres nevadas.