//www.poemas-del-alma.com/

teboel

LA CIUDAD EL CREPÚSCULO Y YO.

Fluye entre tú y yo en lo alto de los tejados

una claridad subacuática que deforma,

junto con el perfil de los bares, tu rostro

ciudad dormida. Permaneces en un fondo huidizo,

separada de mi, cada gesto tuyo; entra sin huella,

y desaparece, en el medio que rellena

cada rincón vacío de los bulevares

que se cierran sobre mis pasos.

 

Tú aquí conmigo, en este aire que desciende

para cellar el topor de las puertas tristes.

Y yo, abatido:

En el poder que gravita alrededor, cedo

al sortilegio de no reconocer ya nada de mí;

en las sombras de los parques que ayer

no me eran ajenas.

 

Si levanto apenas el brazo, se me hace indiferente

el acto, se rompe sobre un cristal, ignoto

y pálido el recuerdo de las tertulias en tus esquinas,

bajo el sin fin de colores de las farolas eternas

mientras duraba la noche: y ese espacio ya no me pertenece.

 

Si hablo, escucho esa voz de los borrachos, atónito,

descender a su gama más remota

como bandadas de palomas invadiendo

tus alamedas. Así en el sitio más remoto,

que resiste a la última consunción del día,

viejas prostitutas de algún país vecino;

adornan las murallas de un barrio desconocido.

 

Me alejo y te miro ciudad dormida,

desde un muelle que me he inventado

junto a tus fantasmas antiguos, enclaustrados

en los centros de las fuentes secas o inmortalizados,

en estatuas de bronce que me hablan de batallas

y legiones.

 

El amanecer ya abre sus alas,

unos pocos instantes en tus calles

carcomidas de tráfico, lo han quemado todo.

Excepto dos rostros: la ciudad y yo, dos máscaras

frente al crepúsculo que se regalan forzadas

una sonrisa.