Hugo Emilio Ocanto

Desnudos totalmente, y siempre deseándonos...

¿Recuerdas este tema?

Déjame escucharlo...

déjame recordar...

déjame recordarte, amor...

Sucesos acontecidos

pasan en mi mente, sucesos...

Vivencias, que se han esfumado

con el tiempo...

tiempos de amor, y de lujuria...

Obscenos momentos pasionarios

que vivimos... y ya no podemos 

realizar... porque tú, ya no estás...

Algo más que la vida me quitó...

A ti, mi amor, mi vida, mi pasión,

mi luz, mi alegría, mi esperanza,

mi todo...

Muertes, solo muertes...

Ya nadie más existe...

a nadie más tengo...

Solo la presencia de Dios,

y la música,

que me acompaña en mis momentos

de angustia y soledad...

Aquí estoy con mis sueños

pasados... con mis recuerdos...

Tan joven eras... y tan bella...

una sirena en el mar eras...

amabas el mar, nadar,

tomar sol y tratabas de estar 

todo el año

con tu piel bronceada,

a costa de muchos sacrificios

que a veces las mujeres realizan

para conservar su belleza en la piel.

Me gustaba que fueras así.

Que físicamente te conservaras hermosa,

del color que tú desearas.

Estar bronceada era tu fanatismo.

Y el mar... siempre el mar...

las aguas profundas...

La distancia de la orilla

hacia mar adentro...

nadabas y nadabas...

feliz salías de las aguas...

después,estando yo

en la arena, me salpicabas

con las gotas de agua

que traías en tu cuerpo...

Y te reías... nos reíamos...

y nos abrazábamos...

y nos besábamos, aunque

no estuviésemos solos...

claro, la playa no era nuestra...

era pública... unas veces con 

poca gente, otras, con mucha...

Pero a nosotros no nos importaba...

sentíamos amor, y no nos avergonzaba

demostrarlo...

Después de los días de playa y sol,

nos dirigíamos a nuestra casita,

la cual quedaba cerca del mar...

Yallí, después de cenar,

nos amábamos, apasionadamente...

locamente...

Nos agradaba estar desnudos,

como Dios nos creó...

Desnudos totalmente

y siempre deseándonos,

siempre cediendo a nuestros

deseos de amor y sexo...

Éramos tan jovenes...

y ya han pasado tantos años...

Y ahora yo tengo tanto tiempo

para recordar ese pasado

que nunca más podré vivir...

porque tú ya no estás...

estás muerta... ¡muerta!...

y yo, imbécil, cobarde, miedoso,...

no sabía nadar... le tenía terror al mar...

solo admiraba la belleza de él...

Entraba unos pocos metros,

y volvía a salir...

me atría el sonido de sus aguas...

la belleza de sus colores,

pero miedo sentía por él...

Cuando era niño, casi me ahogo,

justamente en este mar,

y desde entonces, temor le tengo...

Esa noche, no muy tarde,

después de haber hecho el amor...

después de habernos acariciado,

besado íntegramente,

absorbido con nuestros

labios nuestros cuerpos,

y de haber gozado...

ambos gozado tanto...

tuviste la idea de ir al mar...

de darte un pequeño chapuzón,

como tú solías decir...

Lo hacías bastante seguido,

ya era una costumbre.

Aún no habíamos cenado.

Había ya llegado la noche,

y el cielo estaba encapotado

de nubes... y refusilos.

Te sugerí esa noche

no te internaras demasiado,

sabiendo que eras una excelente

nadadora. Presentía una extraña inquietud.

Al colocarte tu malla

y yo mi short,

porque desnudos

habíamos estado, salimos...

Me quedé sentado sobre la arena,

y tú te internaste en las aguas...

Te observaba, y te gritaba

que no te alejaras demasiado...

ya había comenzado a llover...

te internabas, te internabas...

y desapareciste de mi vista...

el mar te tragó...

Te quitó la vida...

Yo nada pude hacer...

esa noche sí estábamos solos...

nosotros, la lluvia, y las aguas del mar...

Sigo aquí recordando, amor...

con la presencia de Dios

y escuchando música, ella...

mi compañera de mi angustia y soledad...


Todos los derechos reservados del autor( Hugo Emilio Ocanto - 20/11/2012)