Eduardo Urueta

Estabas conmigo

En la hora congestionada de un tiempo esperanzado

estabas conmigo.

Tu seducción a medias era algo peculiar

hasta que entero brotaste en un beso.

No nevaba afuera pero parecía,

adentro

un humano solar me doraba la piel y fui canela.


El nicho fluvial, tu tormenta,

idéntica a un tatuaje en mi panza

donde mi dedo remó en el lago de tu espíritu.

Después leí poesía; me toleraste hasta que dormiste.

Un cauce tranquilo, la eternidad de tus venas.

Si no me albergara ahora contigo

mi espalda fuera un mueble.

Recostados tú y yo

y el baúl del sexo abanicándose.

El aire siempre regresa.


siempre,


regresa.