Eliana Villada García

Cáliz sagrado de tu piel

Ayer, entre la elipsis de mi voz

Y la compañía de mi soledad,

Pregunté a Dios

Si tu cáliz solo pertenece a Él.

Si la sed que nace de mis labios

Puedo saciarla con tu piel,

Con la gota de placer

Que mana de tu copa sagrada.

 

Con una rebosante misoginia

Que tornaba escarlata mis mejillas,

Pregunté a Dios

Si amarte con efusivo frenesí,

Besarte con mi boca carmesí

Y con mis caricias bendecir

La herejía que de mi desnudes

Destila; sería la condena de mi muerte,

El comienzo de un agnosticismo

Y el pecado más santo en mi mente.

 

Él, respondió en el silencio,

Murmuró sabiduría

Y en medio de su apogeo

Susurró la verdad…

 

Aquel atardecer

Descubrí la respuesta entre sábanas.

Tu cuerpo envuelto en mis brazos

Y tus labios aferrados a los míos

Crearon la antología más sugestiva

De caricias y penetraciones.

Hacerte el amor es la réplica,

Analogía y sinónimo de perfección.

 

Hoy, el amor suprime la culpa,

Por más que pretenda,

No puedo sentirme falible

Por desearte, por amarte

Por querer  tenerte.

 

Quiero pensar que Dios nos absuelve,

Pero al saber que perteneces a Él

Los celos permanecen a flor de piel.

Quiero sentir que Dios está con los dos,

Y no sólo contigo.

 

El cáliz sagrado de tu piel

Es el pecado más dulce,

Es la subjetividad de mi loca cognición.