ALFREDO

E.M.V.P III

Te observé desde lejos,
con un vacío extremo en los ojos,
sentado donde nadie lo desea,
abrazado a praderas de cemento.

Yo te observé y decidí batallar
por tu encuentro,
yo te observé
y lentamente
como agonizando
me amarrabas con sogas intangibles.

Yo te observé, y dije:
¡qué bien pasa el tiempo mirándote.
con lluvia, o con sol,
qué bien pasa el tiempo mirándote¡

Yo te observé, y medité:
antes no era así,
mi presencia acudia a ideales imposibles,
mi cuerpo balanceaba
como roca en una cúspide.

Yo te observé, y decidí escribirte,
porque es más correcto
que escribir a un árbol,
porque el árbol golpea
muy fuerte con sus ramas;
porque es más prudente
que escribir mis anhelos de futuro,
porque el futuro se dispersa
y tú eres sólo mía.