Antonia Ceada Acevedo

REVELACIÓN

Respondo

A tus  labios  mimosos

Con mordiscos tiernos

Y  te cedo mi aliento

En la danza  del principio.

 

Marco

Con mis manos valientes

Tu pecho desnudo de huellas

Y en tus hombros plateados

Nacen nuevas ternuras.

 

Recibo

En mis senos  voluminosos

Como inspeccionas el terreno,

Te pierdes en  el poniente

Y   siento como se iza la vela.

 

Siento

Como tu  sudor frío

Moja mi piel ardiente

Recorriendo  mi busto

Con gotas  de impaciencia.

 

Arde

Tu cuerpo esbelto

Y tus manos dislocadas

Queman  cada rincón

De mi cuerpo  consagrado a ti.

 

Debilitas

Mi  desnudez  desmedida

Y  trabajas por  conducirme

A esa mezcolanza

Donde nacerá la unidad.

 

Buscas

La puerta de entrada

Alocado y palpitante...

 Y Penetras lentamente

En el templo    de la dicha.

 

Firme,

En ese  ir y devenir,

Mantienes  al soldado que vigila

Los víveres, que satisface mi hambre.

 

Ansias

Que denuncian con vigor

La entereza  de tu suplicio

El vaivén  de la vitalidad

Que engendra nuestros cuerpos.

 

Deleites

Agrupados, necesidad

De palpar  todos los recovecos

Con solo dos manos,

Y una boca húmeda.

 

Aullidos

De un lobezno

En la cima del monte

Que anuncia el rito

De tanto candor.

 

Dispuesto

Anuncias tus ganas

De entrar en el reino

Y en la arena movediza

Caer  sin resbalar.

 

Y te vas y legas

Ahondando  en ese palmear

Necesitas oír el canto

Para llegar y robarme

Toda sensación.

 

Conseguiste

Culminar como apóstol

En Esa desgarradora lucha.

Tu corazón, ahora, se debate

Con la respiración y la aspiración.

 

 

 

Más, yo, solo  acabo de empezar.