No me juzgues, vida mía,
que esto no es una osadía;
ni un capricho pasajero,
es el latido de mi poesía.
Te deseo noche y día,
y no es simple fantasía;
por ganar un beso tuyo
daría hasta el alma mía.
Eres toda mi alegría,
sin tu amor me perdería;
eres cáliz de ambrosía,
del que eternamente bebería.
Mi corazón por ti suspira,
mi cuerpo entero te ansía;
quiero amarte con ternura,
besarte con armonía.
Déjame habitar tus sueños,
ser la luz de cada día;
y escribir junto a tu alma
la más hermosa melodía.
Porque desde que llegaste
cambiaste mi travesía;
y si el destino lo permite,
te amaré toda la vida.
Autor: Ronald Ramírez Elizalde.