JUSTO ALDÚ

TU, LA QUE NO SE DESHOJA

Tú, la que no se deshoja
la que alimentó mi hambre
saciando con amor estas ganas.
Dejaste impávidas
mis semillas de hombre
con un puñito de besos

Tú, la que no se deshoja
la que vistió traje de calle
y se paseo en mis avenidas
recorriendo con caricias mis verbos

Viste plañir las cuerdas
de mi guitarra social
y conjugar el dolor con el sudor
Me diste cariño sin regateos
y luego, en el portal de este otoño,
entraste con tu sal en mis mares
sin pensar que la resaca te ganaría 
entre corrientes difusas

Yo también cargué la soledad 
sobre los hombros
sin saber que venías de recorrer
el mismo predio
con la voz firme y decidida,
y cada palabra tuya
fue como un mañana sosegado,
una necesidad oprobiosa de ser dos

La vida más allá de los libros
fue milagro,
¿Acaso pétalos metafóricos 
trepando letras?
La tinta hoy faltante
está en cada una de esas hojas
donde solía mojarme 
con una lluvia de besos.

Hoy, cada vez hago más soportable la ausencia
y aunque me depare una cárcel dentro de tu cárcel,
el tiempo dentro del tiempo,
la injusticia indubitable de esos pétalos
pregonando de lejos 
esa flor de eternidad,
habitarás en mí y yo en ti… 
la que no se deshoja.