Diaz Valero Alejandro José

El libro de Alicia 8/10

CAPÍTULO 8. Viajes, lectura, fotos y sonrisas


En la medida en que Alicia fue envejeciendo fue descubriendo nuevos horizontes en su  vida. Al llegar a la tercera edad (Sesenta años) comprendió su amor al turismo, a la lectura y a las fotografías. Actividades éstas que realizó intensamente los últimos años de su vida, ya que en su juventud no tuvo ni tiempo ni recursos para hacerlo.


Viajar y conocer nuevos lugares se convirtió para ella en una actividad prioritaria, la cual realizaba la mayor parte del tiempo, llegando incluso a pasar muchos meses del año visitando distintas ciudades, donde lograba hacer innumerables amistades cada año. En cada viaje iba tomando fotos de los paisajes y también se hacía tomar fotos de ella mezclada con el paisaje mismo para dejar evidencia de que había visitado esos remotos lugares. “Es la única manera de demostrar que viajé a tal o cual ciudad” solía decir cuando orgullosa mostraba su álbum de fotos.


Una tarde, mientras salía con una de sus hijas a diligenciar por el pueblo, en un acto premeditado su casa fue incendiada por su esposo, que en estado de ebriedad había perdido el control y había cometido aquella nefasta locura. Aunque no hubo pérdidas humanas, si hubo mucho que lamentar… Cuando Alicia regresó halló su casa envuelta en la negrura del humo y con pesar pudo descubrir que las llamas habían consumido aquellas viejas fotografías que ella había atesorado con todas las semblanzas familiares de tantos años vividos. Tal vez por eso, veía en cada cámara la oportunidad de dejar su imagen impresa que dieran de nuevo, cuenta de su existencia.


 

Los libros eran sus compañeros de viajes, con ellos pasaba horas placenteras, donde el esparcimiento y la cultura le llenaban de gozo su alma inquieta. Eran esos libros los amigos inseparables que la acompañaron hasta el final de sus días.


Alicia era una mujer muy circunspecta la forma dura en que la vida la había tratado, las  ocupaciones diarias para salir adelante frente a una familia tan numerosa no le había dado tiempo de sonreír… Su cara era casi siempre de seriedad. Pero luego al llegar la tranquilidad de la ancianidad  Alicia transformó aquel duro semblante en la más bella de las sonrisas. Descubrió que ese era su verdadero rostro, y comprobó que en cada sonrisa mostraba a todos la pureza de su alma… Y así vivió sus últimos años, regalando a todos la alegre expresión de su rostro.


Los pocos minutos de seriedad que pasaba en su vejez, era pensando y meditando de cómo estructuraría su libro para que todos pudieran entender como había sido su vida.


Regalando al mundo su sonrisa

Alicia iba en modo genuino,

buscando las letras más precisas

para escribir su historia en un libro.


Continuará...