Carlos Dguez

El sol y la luna

La luna, en cada noche

sin hacer ningún reproche

parece estar condenada

a no ser acariciada

por el sol, que la persigue;

todos los días la sigue

sin descansar un instante,

queriendo tener delante

a su luna tan amada,

a su luna tan deseada...

Pero sabe que al tenerla

lleva el riesgo de perderla

porque no podrá lucirla

sin temor a derretirla;

y en ese triste suplicio

a él le toca el sacrificio

de ver que su amada luna

brillará como ninguna,

aunque él no pueda tocarla,

aunque él no pueda abrazarla.

03/07/2012