Desde esta pequeña ventana te contemplo, desde este rincón de luz que une dos mundos, miro tus fotografías y mi corazón se detiene, porque en cada imagen descubro la belleza de alguien que parece haber nacido de un sueño.
Sentado frente a mi computadora, con la distancia como única frontera, te miro y sin darme cuenta viajo hacia ti.
Mis pensamientos construyen momentos mágicos, instantes que aún no existen, pero que mi alma ya vive.
Cierro los ojos y camino a tu lado, soy solamente un mortal enamorado de un ángel que apareció entre las páginas infinitas de este universo digital.
Un día llegué a este lugar buscando distraer mi mente, intentando escapar por un momento de mis penas y tristezas.
Entre tantas imágenes y tantos rostros, mis ojos se detuvieron en la tuya.
Era tu fotografía de perfil, una sonrisa capaz de iluminar la soledad, una mirada dulce que parecía hablar sin palabras.
Desde aquel instante algo cambió en mí.
El tiempo pasó, y aquel simple encuentro se convirtió en un sentimiento difícil de explicar.
Hoy deseo estar contigo, caminar a tu lado, sentir la cercanía de tu presencia, aunque la distancia me obligue a soñarte primero.
No me importaría entregarte mi corazón entero, porque estar cerca de ti sería un regalo para mi alma.
Eres como una ninfa salida de un poema, una inspiración que, con solo aparecer en una pantalla, despierta en mí la fuerza para escribir versos que nacen desde lo más profundo de mi ser.
No sé si esto es amor o simplemente cariño, no sé cómo nombrar este sentimiento que crece en silencio, pero sé que cuando te miro sonrío como un niño, como aquel niño que se enamora de un sueño imposible.
La diferencia es que tú no eres una fantasía, tú existes detrás de esa pequeña ventana, eres real, tienes una sonrisa, tienes una mirada, y aunque hoy solo pueda contemplarte desde lejos, mi corazón ya aprendió a encontrarte en este extraño y maravilloso camino llamado internet.