Albin Lainez

Alejandrino

.

Bebiendo del lago en penumbras

al levantar los ojos divisé a la niña

calcinada cargando en sus brazos

los restos de una muñeca de trapo

que miraba con grandes ojos

azules por tanto desmadre

Oh esos brazos de criatura!

delgados y humeantes todavía

 

Se esconde en lo más hondo

de la espesura lejos bien lejos

del hombre y las oficinas

no atiné a llamarla o ensayar

algún gesto conciliatorio

soy del linaje que le desespera

 

Tanta era la tristeza que irradiaba

y el desconsuelo que

convocando toda energía posible

con mucho amor deseé buenaventura

para ella que cielos naturaleza cobijen

su desamparo en silencio

su aflicción de suicida

 

Aquella pequeña

me han comentado

se llamó Alejandra

Y por las noches en que arrecian

apocalipsis tormentas fantasmas

se oyen como entre sueños

caer sus lágrimas