ivan rueda

DEL AMOR Y OTROS HUMOS

 

Nos mirábamos a través

de la telaraña de humo

que en el aire

tejían nuestros cigarrillos.

Tus ojos eran como perlas olívicas

transexuadas en granos de café

con su aroma biselado en tus pestañas.

Me atrapaban los círculos órficos

de tus pupilas aritméticas,

el fulgor agrimensor de tu mirada.

Así mientras tus ojos transgredían

la normativa fundamental de los colores,

se atornillaban a mis ojos,

fijándolos con las tuercas oscuras de tus iris.

Fumábamos hierba de amor,

raíces de árbol carnal,

segmentos de axilas sin exilio,

semillas de pubis y heliotropos

o las hojas mismas del Deseo.

Tú que siempre has sido de calada fácil,

de pulmón pirata,

con tu tos bronquítica y corsaria

trepando por el palo mayor de tu garganta,

me entregabas, con tus labios de volar,

gaviotas de carmín y nicotina

como al mar de fondo azul

el vestal atardecer

sus obleas de nubes escarlatas.

Por lo tanto me besabas

hasta arrancarme la salud

con tu lengua cosida de alquitrán,

hasta abrir mi flor de lis

con tu tormentosa sobredosis de saliva.

Luego, a la hora de olvidarme

me abandonabas entre los naipes

de una vieja baraja

que sólo sirve para jugar al solitario.

Jamás he vuelto a hallar

otra hada bajo el ovillo del tabaco,

porque ahora, entre otras cosas,

está prohibido tejer con cigarrillos

telarañas de humo en los cafés.

Extraño fieramente tu tos descontrolada,

tu absurda manera de echarte a perder

mientras desde este rincón de la vida

aún guardo la esperanza

de que algún día regreses

a repartir la suerte de este naipe

que un día marcaste con tus uñas amarillas.