Conmigo quiero dedicarle estas palabras, porque sé que para muchos este día duele.
Perder a una madre es una herida que no cicatriza, un vacío que no se llena, un amor que se extraña con el alma entera.
Dios no me permitió conocerla, ni sentir su abrazo, ni escuchar su voz. No tuve la oportunidad de mirarla a los ojos y decirle cuánto la amo. A veces quisiera detener el tiempo, solo un instante, para entregarle todo lo que mi corazón guardó en silencio.
Cada día te llevo conmigo, madresita mía. Tu ausencia duele, pesa, se siente. No me resigno a no tenerte, a caminar sin tu amor, sin tu cuidado.
Miro tu foto una y otra vez, porque es lo único que me queda de vos. Fuiste luz en mi oscuridad, y este dolor tan profundo no es más que la prueba del amor eterno que te tengo.
No te digo adiós, porque en mi corazón siempre será un hasta luego.