Eduardo Torres Isleño

Mis razones

Si llegara a preguntar por ti

a tu hermana, o a tu teléfono

me creerías envenenado y tembloroso

todavía sediento, esperanzado y pequeño

 

pero la respuesta que me diera

tu hermana o tu teléfono

no sería ningún remedio

sino la misma brisa de amargura

 

o sea, que no voy a preguntar por ti

no quiero verte, ni que me veas

al menos por ahora, porque,

bueno, yo tengo mis razones.