ronald tadeo ramirez elizalde

𝐄𝐒𝐏𝐎𝐒𝐀 𝐌Í𝐀

Si nuestras almas aún se aman, ¿por qué seguimos torturando nuestros corazones con la indiferencia, el orgullo y la duda? ¿Por qué nos culpamos el uno al otro, en lugar de seguir cuidando aquella semilla de amor que un día, con tanta ilusión, sembramos juntos?

 

¿Por qué permitir que pequeñas diferencias borren los recuerdos de aquellos días felices, cuando, mirándonos a los ojos, nos prometíamos un amor eterno capaz de vencer cualquier tormenta?

 

¿Por qué dejamos de dedicar tiempo al amor, como cuando éramos dos enamorados que encontraban en un abrazo la paz que el mundo no podía ofrecer?

 

¿Por qué permitimos que se apagara la magia que iluminaba nuestro camino con ternura, esperanza e ilusiones, guiándonos siempre hacia la felicidad compartida?

 

¿En qué momento dejamos que el amor cediera su lugar al silencio, a las heridas y a la distancia?

¿Por qué, en vez de amarnos cada día más, intentamos caminar por senderos distintos, si nuestros corazones nacieron para avanzar juntos?

 

Amor mío, no lastimemos más nuestras almas ni sacrifiquemos la felicidad que tanto nos costó construir.

 

Nos une un lazo sagrado de amor, y no debemos permitir que la duda o el orgullo dividan el camino que hemos recorrido tomados de la mano.

 

Aún estamos a tiempo.

No dejemos que se marchite la semilla de amor que sembramos.

Reguémosla con paciencia, con perdón, con comprensión y con el mismo amor que un día nos hizo elegirnos para siempre.

 

Porque nuestra felicidad no es solo tuya ni solo mía: es de los dos.

Luchemos juntos por ese futuro que merece ser salvado, sin permitir que simples discusiones destruyan una historia escrita con tantos sueños.

 

No, mi amor... No voy a dejarte.

 

Permaneceré a tu lado, lucharé hasta el último latido de mi corazón para revivir ese amor inmenso

que un día unió nuestras vidas y que, estoy seguro, aún puede volver a florecer con más fuerza que nunca.