la negra rodriguez

EL TREN

El tren

  Empezó su marcha  escalando cerros,  penetrando en  bosques profundos

 Y  se abrieron los caminos  a su paso. La montaña  se dejó penetrar  y era como un gusano entrando en  la manzana con  el típico pitar y el sonido de la rieles shac shac  shac,  y  el humo que  despertaban poblaciones enteras. Nunca habían visto algo parecido. Se sentían tiempos de cambio.

 La gente salía a su paso cuando llegaba a las pueblos por donde pasaba y saludaba con la mano a los que iban en los vagones. Era un gran acontecimiento.

 Pero el tiempo  lo fue  gastando y   devorando  su pitar, dejó de andar, y los caminos fueron ganados por la maleza, los pueblos  se durmieron porque  su pito no se oía más y  su nunca más llegada los sumió en el letargo y  la resignación.

Pero  nació una esperanza,  que  limpió caminos, eran manos jóvenes que se unían  a las viejas;  eran banderas que se alzaban en cada ciudad. Verde el canto, verde las palabras, Verde las bandera. El viejo luchador había resucitado en cada corazón ecuatoriano. Y los pueblos olvidados se  despertaron porque  en una mañana de sol , de ese sol ancestral de nuestros padres, oyeron lejanamente el pito, vieron el humo y las rieles con  su shac shac se aproximaba y la gente de nuevo salió a saludar  pero estas vez con banderas. ¡Había vuelto la esperanza!