Antonia Ceada Acevedo

"Diario de una memoria " de Rafael Rivas gutierrez

I

 

 

Tú no enjaulaste los pájaros de tu alcoba,

Hicieron templete entre mis manos,

 Bajo tu mirada.

Cae la noche y vuelves a mí,

Orgullosa,

 Distante,

Sin saber que nuestras horas

Fueron horas contadas.

Hay silencio,  en el paso del tiempo,

Quien podría pensar que yo,

 Herido por ti,

Me consumo en un fuego sin llama.

Ya no estás,

 Y todo alrededor respira nostalgia.

Tu nombre se pierde en mi boca torturada

Y vuela tu recuerdo

 Entre las alas de la noche.

Este es mi canto…,

Fui el reflejo de tu perfume.

 

 

 

 

II

 

 

 

 

 

 

Ardes en los fuegos de la noche,

Lo sé,

Porque en el humo veo tu reflejo…

Bajo las cenefas del olvido

 Veo tus pisadas

Táctil recuerdo de tu imagen entre nieblas.

Fue tarde para iniciar mi vuelo,

Tú ya eras nube.

Y en el crepúsculo de mi espejo

Contemplaré el tiempo detenido.

 

 

 

 

 

 

 

 

III

 

 

 

 

En la palabra,

En mi eco

Suena tu nombre.

Como velo deslizado

Por tu piel desnuda.

Tal vez tus labios

Fueron brasas de promesas…

Te imaginé,

Alta e inhiesta

Como el baluarte de mi locura.

Pues eras cuerpo,

A salvo todavía de mi perfume

Quise cogerte

Pero mis dedos solo rozaron

El reflejo de tu presencia,

Ya eras campo sembrado

En noche abierta.

 

 

 

 

IV

 

 

El azul del mar reñía con tus ojos

Y los albatros

Se apretujaban en el cielo

Deseosos de tu mirada.

Tú, dabas luz

A aquellas oquedades olvidadas,

Y sus aguas límpidas

Sufrían el dolor de amarte.

Eras como una náyade enamorada…,

Como si aquellas cuevas

Fueran tu morada, tuyas, desde siempre,

Hasta las rocas respondían a tu tacto.

El reflejo de tu pelo

Se fundía con aguamarinas

Formando colores en el verde fondo

Colores en lagos.

Y tú,

Sonreías por estar a mi lado

Yo, pobre mortal

Que me fundo en tus brazos.

 

 

 

 

V

 

 

En el cristal de la noche vi tu reflejo,

Escuché tu voz, aletargada en la menta del rocío.

Yo, afán sediento de tu ternura

Corrí desnudo por el eco de tus cristales.

Ahí estabas,

 Dormida entre helechos de luna.

No había ninguna música que cantarle a aquella estrella,

Hasta los pájaros callaron su silencio por contemplarla.

Si vinieras a mí, ¿Cómo sería amor, mi amor?

He de abrazarte ahora

Cuando mi corazón te acucia

Cuando en las soledades que dormían en mis sueños

Claman antiguas promesas.

Ven, que te llamo entre los susurros de esta mañana

Para poder contigo desvelarle al tiempo la esperanza.

Ven, y la música se hará perfume en el aire.

Me sentare aquí,

Entre el trébol florecido

Para esperar que despiertes

Mientras, me imaginaré tuyo en el latir de tu cuerpo

Y en el temblor del corazón que sueña

Pues estoy prisionero de el aroma de tu presencia.

Despiertas…

VI

 

 

 

 

 

Cuando llegaste,

Abriste la caja del beso y las caricias

Y mi horizonte se transformó

En tu reflejo

(Aromas y tactos)

Que es verdad el amor cuando no tiembla

Cuando tu perfume arde

Como antiguos ocasos

De aquella brisa de soledad,

Sólo queda aquel espejo…

Colgado en nuestra alma.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

VII

 

 

¡Aquí!

En el reflejo sin sombra

Sin voz,

Conversando con tu perfume.

Ya está marcado el límite

En el filo de nuestro reloj,

Emborrachada tu ausencia

Con una copa de vino

Vertida al Odiel.

Lluvia de versos a las puertas de tus labios,

Saldo exiguo

De un sueño que no termina.

Desde el muelle

 Camino de vuelta

(Se apagan ya las luciérnagas de la noche)

Las luces quedan detenidas

A la espera de tu viento,

De tu canto;

De las saladas que nunca secaron.

Soy presa de tu luz

Esa sombra que teñirá el papel,

Borrando las líneas que ahora nos separan.

 

VIII

 

 

De tu aliento

Muero al besarte,

Aire que escapa de mis ojos.

De tus manos

Tiemblo al tocarte,

Roce que huye de mis dedos.

De tu boca

 Temo el nombrarte,

Besos que esquivan su destino.

Se de tu oscura presencia

Pues anida

 En el alfeizar de mis labios.

Se de tu impaciencia

Cuando al vacio del silencio sacas el eco.

Aquí,

 En la bruma de mis latidos te cobijas

Tú frente al viento.

De ti,

 Procede la zozobra de mi hundida dulzura

(En mi orilla,

La barca a tus pies…)

Sabes que te pertenezco

Antes de que el tiempo

Se alojara en mi vacío.

IX

 

 

 

 

Estaba escrito que llegaría tarde

Al despertar de tu belleza.

Sé que estabas ahí porque te soñé de cerca.

Vuela alto mi lamento

(Como pájaros sin nombre)

Fantasmales sombras en el cielo

Que tú,

Me dejaste abierto.

Y de nuevo estas aquí,

Porque aquí

Empieza nuestro sendero.

Tú me esperas en lecho de versos,

Y yo a ti,

Con el dolor sereno

De nuestro primer sueño.

 

 

 

 

 

X

 

 

 

 

 

Hoy amada mía he visto el sol

Asediando la rosa de tus labios,

Lo he visto con la sensualidad

De mis manos esperando tus caricias

He aguantado tus palabras insonoras,

Rojas, rotas a un amanecer sin mentiras.

Hoy he visto el sol cruzando descalzo por arroyos

Que son tus lágrimas,

Esperando el parto de la noche

Para cobijarse en tu caminar ligero.

Hoy he visto el sol

Y me negado a contemplarte…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

XI

 

 

 

 

La tarde…,

Mi tarde se consume

En pábilos de silencios,

Arropándose la luz entre sus cenizas.

El tiempo muere

Y duele como rosas arrancadas.

La sombra de tu presencia

Hiere a mi soledad

Perpetuando paisajes ciegos

De horizontes rotos…

No esperes que justifique

Cadenas de dolor

Con tu insobornable tacto

 

Silva ya el viento mi derrota

Mi alma ya arde en tu regazo.

 

 

 

 

XII

 

 

Las sombras quedan atrás, el alba llega.

Soy último baluarte

Que se levanta bajo tu sol

Quemándome por conocerte,

Y  sin embargo apenas me conozco.

Tú y yo hace tiempo

 Que descubrimos latidos

Por caudales de gritos y de llantos

¿Cuándo nos faltaron las palabras?

En la luz aparece la fatiga

De tus noches amargas

Y me duele el quererte

El seguir sintiendo amor entre mis manos.

Cuando el cansancio llega lo consiento

Y me hundo en la cuna de tus rizos

Donde tú le darás nombres a mis sueños.

Todo pronto cesara

Y se silenciara el rumor pautado de tus besos,

Las sombras llegan, el día calla…,

Y enojado duermo en tu regazo.

 

 

 

XIII

 

 

 

Tu luz,

La tarde aguarda

En su caer de sombras,

Retarda su velo

Al verte pura.

Despiertas,

Y desnudas la belleza

Que tu piel refleja,

Mientras,

 Mis sentidos moldearan la figura

Que el atardecer acaricia.

(Espejo frágil de mis celos)

Tu cuerpo prolonga mi agonía.

Tus manos se detienen en mis silencios

(Toda mi piel es eco)

Después vendrán tus besos…,

Atardece,

Y de nuevo…,

El reflejo de tu perfume.

 

 

 

 

XIV

 

 

 

 

 

 

 

Alto en tus ojos,

Todo el cielo me parece luna,

(Luna de mar)

Añil embravecido tu mirar de espuma

Alta y blanca

Como el roce de tu boca en mi frente

No sé como decírtelo porque aún no está hecha mi palabra

Si mi locura tuviera nombre seria el tuyo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

XV

 

 

 

 

 

 

 

Mis sueños arderán

Como pábilos ingrávidos en la noche

Mientras un viento de Otoño

Barrerá de mi memoria

El aroma de tu presencia,

Recordaré la eternidad

Cuando me funda en tus brazos

Cuando el olvido no pueda encontrarme

Pues ya seré un refugiado en tu mirada.

 

 

 

 

 

 

 

XVI

 

 

Mueren las palabras

Y el tiempo ahora se hace más eterno

Como Tántalo de orgullo equivocado.

Se abre un abismo de vísperas

Y tu estas hay,

Como si nunca hubieras ido

Como si tú reflejo

Hiciera mella en mi olvido.

Noto tu mirar

Aun cuando nos separan ciénagas de ira

Noto tu presencia

Solo ella reconforta mis parpados heridos

El día va descubriendo trasparencias

La oscuridad retrocede en mis manos

El cielo ahora es más cielo

Y en la profundidad de mis equívocos….

Amar no te amo

Amar es decirte lo siento.

 

 

 

 

 

XVII

 

 

Poco a poco la memoria diluye tu rostro

(Con un viento incesante que de muy lejos llega)

Silencio,

 

Y de nuevo estas aquí,

En esta tierra cansada que es mi dolor sereno…,

Silencio,

 

Ningún labio se apresta a enlazarse con voz sorda

Y en mi oscuridad añoro tu aroma hecho cuerpo.

Silencio,

 

Todo deriva hacia tu noche abierta

Como un sueño que no sueñas

Como una brisa vacía de nombres.

Y ahora en la vastedad oscura de mi orgullo…

Silencio,

Silencio,

Silencio.

 

 

 

XVIII

 

Escribiré en una rosa amarilla tu nombre

Y la deshojaré

Como muero por deshojarte.

Acariciaré sus pétalos,

Sus lágrimas de rocío,

Su tacto.

Respiraré tu nombre hasta saciarme,

Hasta pulir con tu cuerpo mis pulmones.

Rozaré con mis párpados

El azabache de tus cabellos

Y libaré en tu nido,

Despidiendo con suspiros

A la aurora.

Devoraré la rosa,

Devoraré tu mirada…

Y tú,

Me matarás con tu perfume.

 

 

 

 

 

 

XIX

 

Hoy he vuelto a saber de ti…,

Me han llegado susurros lentos

Cobijándose tras de ecos sin sombras.

 

Hoy he vuelto a ti…,

A sentarme bajo tu aliento,

(Profana fragancia de hechizo)

Crepúsculo de ébano

Iracundo tacto de siluetas

Recortadas bajo farolas sin calles.

 

Hoy he vuelto a besarte…,

Ciego fuego de carmín sangre,

Dúctil como el aroma del viento

Labios de aguas salvajes,

Lentos como suspiros,

Arropo de soledades.

                                                                                               

Hoy he vuelto a saber de ti…,

Y mañana como siempre…,

Intentare olvidarte.

XX

 

 

 

 

En tus labios la gota táctil de néctar

Que descubre latidos

En los pliegos del deleite.

Profundo fuego,

Que al beber de tu esencia,

Brinda al tiempo detenido

La llave de tu callada victoria.

Agonía de crepúsculo

Bajo el reflejo de tu espejo.

Clepsidra de sensaciones

En presencia de lo absurdo…,

¿Qué fichas moverás,

Para el final jaque

De mi agonía?

 

 

 

 

 

XXI

 

 

 

 

Tu luz,

Quimera inscrita

En la profundidad de todos los abismos.

Sabes que te pertenezco

Antes de los días

Donde vi el brillo de tus ojos

Precediendo desiertos.

La sed se aloja ahora en su negrura

Esperando el reflejo paciente del tiempo.

¡Era tan sencillo amarte!

Desbridar al viento en tu sonrisa…

Ahora en la bitácora de mis deseos

Guardo la derrota en mi destino.

 

 

 

 

 

 

XXII

 

Puedo sentir 

Amor,

La palabra hecha verbo

En tu cuerpo de locura,

Donde reposan las alquimias de mi abismo

Y nunca pedir perdón.

Puedo sentir mi amor,

Cuando en oscuras soledades

Mi alma teme a extraviarse

Cegado por tu olor.

Torpes son los heraldos

De mi destino,

Cuando no soporto

Vivir una existencia

Sin ser luz en tu sombra

Que cobijen

Las fronteras de nuestro dolor.

 

Ya ves,

No queda ya cuartada

Para nuestro silencio.

 

 

 

XXIII

 

 

 

 

 

Surgen fríos recuerdos entre las gardenias…

Como la luna muerta y nítida,

Como un rosal inmenso

Que flota sobre el alba,

El alma.

El verbo líquido

Se nutre de la melancolía

Deshace entre besos el sueño.

Una niebla negra enmarca

La puerta que resguarda al corazón,

Y el amor que funciona con deseos

Comienza a dilatar las pupilas del día.

 

 

 

 

 

 

XXIV

 

 

 

 

 

 

Tan lejos quieres irte

Que al final regresas a mis cenizas

Tan libres de mi amor,

Ante mi orgullo esgrimes esa máscara

(Memoria de clepsidra)

Simulando enfado

Naufragando en la isla de mis manos.

¿No reconoces el rostro que has visto en tus sueños?

Déjame ser en la laguna

 De tu cuerpo mojado

Junco o caña

 Para mecer tus sentidos.

 

 

 

 

 

 

 

 

XXV

 

 

 

 

 

Tolero la vida

Escrita en lienzos de agua;

Transcribo mis pautas

Con la serenidad de aquel

Que ha mezclado colores con las manos,

Y aún

Cuando los trazos sin forma

Se asemejan a mi realidad,

Aparecen de nuevo viejas obras,

Otrora borradas por capas de hipocresía

 

¡Quisiera tanto dibujar en tu alma!

 

 

 

 

 

 

XXVI

 

 

 

 

Tu amor me estremece

Me haces volar más alto

Que cualquier pensamiento,

Me angustias cuando no te siento

Y sin embargo tiemblo al pensarlo.

 

Tu amor es como un atardecer extraño.

Ejes de cualquier latitud,

Hermoso y temprano,

Frío tembloroso.

 

Sí, al sentir su roce

Ríes y lloras,

Sufres y maldices.

Pero su amor es primavera

En fríos inviernos,

Calor de lumbre

Que nunca extingue.

 

 

 

 

 

Amor,

En el tiempo que me toca,

Hazme sentir libre,

Y si ves que no lloro

Con tus ojos,

Es porque quedo ciego

De tanto quererte.

 

Al final,

En el último de mis capítulos,

Escribiré este amor libre,

Sin tiempo ni espacio

Para sentirte,

Cercano y lejos al principio,

Pausado y sereno como viniste.

 

 

 

 

 

 

 

 

XXVII

 

Tú llevabas el perfume de la noche

Impregnado en mis labios

Y mis ojos apretujaban

Espacios en tu figura.

Tus besos no dados

Tenían el amargor

 De la ausencia

Y tu aura arrodillaba

Al oscuro gris de la tarde.

 

Así nos amamos

 

Escribiendo en tus labios

Te quiero,

Profundizando en tu efigie

Como un viento alienado.

 A si nos amamos

Con ese equipaje de versos

Que te susurro,

Con el deber de contemplarte pura

Con esa presencia que espero

En mis manos.

 

Así nos amamos

 

 

 

Con esos dos pensamientos

Tuyo y mío,

Con esos minutos contados a lo lejos

Con esa mirada perdida en el tiempo,

 

Así nos amamos…

 

Tú llevabas el perfume de la noche

Impregnado en mis labios

Y mis ojos recordaron caricias.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

XXVIII

 

 

 

 

Ahora la sal esta quieta,

Los cuerpos en silencio.

Ya muere el tiempo del Amor,

Abre tus ojos pues el otoño llega.

Ahora tus lágrimas cederán latidos,

Ahora tu corazón será más alma.

Sentirás un vacío tan inmenso

Que notaras el temblar de todas las estrellas.

Ahora las flores cantaran misterios de aromas perdidos

Ahora se formaran lagunas en tu cara

Mientras el invierno toca aquella canción de cuna

Ahora que muere el tiempo del amor

Empieza otro tiempo

El tiempo del silencio

Que será tu alma.

 

 

 

 

 

XXIX

 

 

 

 

 

 

Al sur,

Mirada perdida

En nostalgias y ausencias,

Como si tú no hubieras existido.

¿Qué luz derrama su azul en vientos de silencios?

Cierra el lamento tu presencia

Enmarcando tu celaje,

Cuando el Invierno

(Frontera erguida)

Tu luz desvanece.

 

 

 

 

 

 

 

XXX

Creí que el invierno

Se despedía de mi destino

Y la primavera agitaba ya

El ramaje de la melancolía.

Pero no,

Me estaba reservado

Un brote de ternura

O una silenciosa humillación

De oscura procedencia.

 

En tu ser se agolpa

Mi última obsesión sin esperanza

Que recorre anhelante

El ritmo de tu cuerpo peligroso.

 

No tengo más que una tristeza

Que es no poder amarte

Y se ha sumado, lenta

Ala desdicha de mi estupidez.

 

XXXI

 

De la piel nacarada

Al silencio del tacto,

Asignatura del sentir

El las olvidadas papilas de la luz,

Y en el brillo triunfal de su tersura.

En el clamor de las delicias

La imagen de tu niebla,

Sabiendo el recorrido exacto de tu memoria.

Era el fuego que perdimos,

Convertido en tu mirada al vuelo,

Como el susurro de un tiempo que se acaba.

Ahora,

Desde siempre me sigue

El reflejo de tu perfume.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

XXXII

 

 

 

El húmedo aroma de la tierra

Detenía a la nieve

Tras los celajes de tu niebla,

Jardín de pequeñas partículas

Que exhalaban sentidos.

Carne dúctil,

Que tu celosa

Cobijabas en extrañas latitudes.

En la más pura copa del aire bebí como un niño,

Sin saber que no era amor

Solo el vacío de tu eco

Que como arquitecto en su cenit

Construí con silencios.

Esa era mi canción,

Cantada entre llamas fugaces de placer,

Asignatura pendiente  en mi memoria.

De tu aliento….,

Mi última sombra.

 

 

 

 

XXXIV

 

 

 

 

Llegan las grises nubes

Y en ocaso de melancolía

Veo oscurecer a la ciudad

Bajo plañidos de ausencia.

Transcurren opacas las tardes

Mientras en nuestro parque

Paso los dedos por aquel corazón

Sentándome de nuevo bajo la haya

Contemplando tu sonrisa.

Luces de otoño sobre la ciudad

De atardeceres áureos

De melancolías pasajeras

Que caminan cogidas de la mano

Por alfombras de hojas muertas…

Ahora te digo estación de sombras….,

Soy yo como aquella vieja haya,

Y te grito al viento,

Sin el AMOR, el alma muere deshojada.

 

 

 

XXXV

 

 

 

 

Los labios contra los labios

Y en mi boca manantiales

De néctares desbordados,

Intercambios de latidos en nuestras sienes.

Fue nuestro lenguaje

Tan táctil y puro

Que abrió para nosotros

Las puertas de los sentidos

En un fuego tan profundo

Que el tiempo se detuvo

Para brindar con su silencio.

La piel contra la piel

El tacto que no reniega caricias

La mañana que no empieza

La ternura desbordada,

Y en los pliegos del deleite…,

El aroma de tu presencia.

 

 

 

 

 

XXXVI

 

 

 

Cobertura de velo negro

De tiempo detenido,

El día sólo ha sido

El desvelo de un sueño.

 

¡Quisiera tanto sobrevivir

En tu belleza oscura!

Esta es mi pasión,

Enardece en renovada locura.

 

Ahora,

Sólo puedo entregarte

Mi silencio con voz prestada,

Y la noche;

Tu noche…,

Se alegra de tanta suerte.

 

Esta es nuestra soledad,

Soledad sonora.

 

 

 

XXXVII

 

 

 

 

 

Dentro de la belleza,

Donde la aurora

Se marchita clavada de espinas.

 

Dentro del vergel perdido,

Donde el susurrante viento

Gime de agonía

Oliendo tu aroma.

 

Cerca…,

Muy cerca de tu aliento,

Donde al roce de tu rojo

La ironía,

Se viste de broma.

 

 

 Gabriel Santangel